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La República está perdiendo El Pulso.

Por Eugenio Zamora

En mi columna de la semana pasada hablé sobre la “Libertad de expresión”, cuestionando si esta de verdad es respetada por nuestro actual Presidente sin saber aun lo que pasaría estos últimos días. Ahora que lo sé, se ha esfumado esa pequeña pizca de libertad de expresión que nos quedaba, y a continuación explico por qué.


Para los que no se enteraron les doy un poco de contexto: el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) organizó un foro de debate sobre el racismo, al que fueron invitados personajes como Maya Zapata y Tenoch Huerta; pero el que causo particular controversia fue Chumel Torres, comediante y comunicador, conductor de su programa en Youtube llamado El Pulso de la República (Al que se hace referencia en el titulo) con más de 2 millones 600 mil suscriptores; y del programa Chumel con Chumel Torres en la plataforma HBO. Y la controversia surgió por un twitt de la esposa del Presidente, Beatriz Gutiérrez, quien cuestionó la invitación del comediante al foro, alegando que era incongruente invitar a un “racista y misógino” a un foro sobre discriminación (esto haciendo referencia a un chiste que este hizo sobre el hijo menor de la pareja presidencial, en el que lo llamó “Chocoflan” por su tinte capilar negro con mechas amarillas).

Casi inmediatamente después de este twitt, Chumel fue eliminado de la lista de ponentes, y, poco después, el foro fue cancelado definitivamente para evitar caer en una obviedad que ya era evidente: la intervención presidencial.

(Nota: HBO anuncia suspensión temporal del programa Chumel con Chumel Torres mientras se revisa la polémica del conductor. Se presume nueva intervención del Estado)


Y es que, más allá de la ‘political incorrectness’ (incorrección política) en la que incurrió Torres con esa broma quizá de mal gusto, se dejo ver (ahora de forma mas evidente) que los periodistas SI están sufriendo censura cuando dicen algo que incomoda al poder. Hoy le tocó a Chumel Torres, pero también le tocó a Carlos Loret de Mola y a Víctor Trujillo ‘Brozo’ a inicios de sexenio, quienes tuvieron que huir de la persecución e inquisición política y social a la que se somete a todo critico del poder. Si, como Luis Echeverria con el periódico Excélsior, como Carlos Salinas con Proceso, como Felipe Calderón con el programa “Parodiando”, como Enrique Peña con la periodista Carmen Aristegui.

En esta administración, no solo se censura a la antigua, sino también se instaura un nuevo método al que llamaremos, para efectos de esta columna, “censura periodística mediática”; método consistente en desprestigiar, desde el poder, todo lo que diga un periódico o periodista; restándole valides a su opinión por la postura o ideología política que ostenten; así lo ha hecho López Obrador con periodistas como Leo Zuckerman, Raymundo Riva Palacio, Denisse Dresser, Jorge Ramos, Carlos y Rafael Loret de Mola, Víctor Trujillo “Brozo”, Leon Krauze; y periódicos como Reforma, El Universal, Proceso, Milenio. Porque como apunté en mi columna pasada “¡’No matar’ periodistas NO ES respetar a la libertad de expresión.” El derecho a la vida es una cosa y el derecho a la libertad de expresión es otra.


Y no hay que pasar por alto que van dos veces, en la misma semana, que se atenta contra las libertades periodísticas y de comunicación; uno fue el caso de Torres, pero el recién mencionado Carlos Loret sufrió de un ataque similar, cuando publicó un reportaje en el diario Latinus sobre las propiedades de la titular de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, con su esposo, el investigador de la UNAM John Ackerman; propiedades que suman la módica cantidad de 62 millones de pesos. Inmediatamente después, todo el gabinete (tanto el inmediato como el ampliado) articuló una intimidación de estado contra el periodista, y el propio Ackerman explotó en redes, amenazando al conductor de Loret con tomar acciones legales en su contra. Ante esto solo diré lo siguiente: Quítale sus mansiones a un comunista con la excusa de dárselas a los pobres y el solito te explicará lo que es la propiedad privada.


Y quizás hasta ahorita todo esto no luzca tan grave, pero ¿Así va a ser siempre? ¿Estas serán las formas cada que alguien intente cuestionar incongruencias entre los ingresos y gastos de altos funcionarios? ¿Regresaremos al tan aborrecido salinismo o ya regresamos a él? Porque quizás la crítica sea incomoda, pero ante el poder solo hay de dos: o se es critico o se es cómplice. No hay más.

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