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No hay sustituto para la persistencia

Por Luis Enrique Lopez León

Cuando leí Piense y Hágase Rico de Napoleon Hill, por primera vez, quedé impresionado ¡Cuánta sabiduría en esas líneas! Era nada más y nada menos que el secreto para hacerse rico. Sin embargo no me prometía nada milagroso, nada instantáneo, en todo momento, decía que necesitaba ser: persistente.


Mis mentores Paul Martinelli, Roody Galbraith y Gerson Calderón, me guiaron en un estudio profundo sobre ese texto, y como primer requisito, me pidieron leer durante diez días seguidos el capítulo de “Persistencia” del libro de Napoleon Hill. Ahí aprendí que: «No hay sustituto para la persistencia. La persona que hace de la persistencia su consigna descubre que, finalmente, el fracaso se cansa de perseguirle y se va. El fracaso no triunfa sobre la persistencia». Cuando leí eso, lo subrayé con plumón amarillo y con pluma roja. ¡No se me podía olvidar! Y tampoco se te puede olvidar a ti. El éxito duradero, solo es posible con

persistencia.

¿Cuántas veces hemos iniciado un proyecto que sabemos que es el idóneo para cambiarnos la vida y lo dejamos al poco tiempo de haberlo iniciado? ¿Cuántas veces ni siquiera lo comenzamos porque sabemos que no vamos a concluirlo? ¿Cuántas veces no hemos caído ante lo opuesto de persistir: desistir?

Te contaré sobre una de las razones por las cuales no cumplimos las metas que nos fijamos, y esto me lo enseñó Paul Martinelli, te lo platico brevemente para no plagiar su enseñanza, pero puedes encontrarla en Empowered Living, en línea. Una de las razones por las que dejamos de persistir es porque más que cumplir la meta, nos aferramos a seguir el plan. Y, ¿si el plan falla? Generalmente desistimos. Pero eso se debe a que no tenemos la plena consciencia de que, intencionalmente debemos persistir. Debemos sobreponernos al embate de ese fracaso y visualizarlo como parte inevitable del camino al éxito.


No hay persona de éxito que no haya fracaso, quien diga lo contrario está mintiéndote: o no tiene éxito en verdad, o sí lo tiene pero ha fracasado, y no se ha considerado un fracaso, sino un persistente que pese a la adversidad ha continuado adelante.

Siempre que hablo de la persistencia, recurro a Piense y Hágase Rico, porque ahí están las lecciones más valiosas que he aprendido al respecto. Ahí cuenta la historia de una pequeña cuya persistencia fue total, pese a haber ocurrido su historia, en unos cuantos minutos. Te leeré íntegramente el texto:


Una tarde, Darby ayudaba a su tío a moler trigo en un viejo molino. Este dirigía una granja grande, donde vivían cierto número de granjeros arrendatarios de color. La puerta se abrió silenciosamente, y una niña, hija de uno de los arrendatarios, entró y se situó junto a la puerta.

El tío levantó la vista, miró a la niña y gritó con aspereza:

—¿Qué quieres?

—Mi mamá dice que le mande cincuenta

centavos —respondió, humilde, la niña.

—Ni hablar —replicó el tío—, y ahora vete a

tu casa.

—Sí, señor —dijo la niña, pero no se movió.

El tío siguió con su trabajo, tan ocupado que no prestó atención a la niña y no se dio cuenta de que no se había marchado. Cuando volvió a levantar la mirada y la vio allí parada, gritó:

—¡He dicho que te vayas a tu casa! Ahora,

márchate o te daré una paliza.

—Sí, señor —dijo la niña, pero siguió

inmóvil.


El tío dejó un saco de grano que estaba por echar en la tolva del molino, cogió una duela de barril y empezó a acercarse a la niña con una expresión poco tranquilizadora. Darby contuvo el aliento. Estaba seguro de hallarse a punto de presenciar una paliza. Sabía que su tío tenía un temperamento terrible.

Cuando su tío llegó donde estaba la niña, ella dio un rápido paso al frente, le miró a los ojos, y gritó con todas sus fuerzas:

— ¡Mi mamá necesita esos cincuenta

centavos!

El tío se detuvo, la miró unos instantes, y luego dejó lentamente la duela de barril a un lado, se metió la mano en el bolsillo, sacó medio dólar y se lo dio a la niña. Ella cogió el dinero y se encaminó despacio hacia la puerta, sin quitar los ojos del hombre al que acababa de vencer. Después de que la niña se hubo marchado, el tío se sentó en una caja y permaneció mirando por la ventana durante más de diez minutos. Estaba reflexionando, sorprendido, sobre la derrota que acababa de sufrir.


Darby también se hallaba pensativo. Ésa era la primera vez en su vida que había visto a una criatura de color dominar a un blanco adulto. ¿Cómo lo había hecho? ¿Qué le había ocurrido a su tío para que perdiera su ferocidad y se volviera tan dócil como un cordero? ¿Qué extraño poder había empleado esa niña para hacerse dueña de la situación? Estas y otras preguntas similares destellaban en la mente de Darby, pero no halló las respuestas hasta muchos años después, cuando me relató la historia.


Curiosamente, el relato de esa inusual experiencia la escuché en el viejo molino; el mismo sitio donde su tío recibió esa lección. Eso es un ejemplo de persistencia; el mismo que tú debes de seguir.

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