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No hay sustituto para la persistencia (Parte 2)

Por Luis Enrique Lopez León

Si me conoces físicamente, seguramente relacionas mi figura con la delgadez. Pero, si me conociste en mi infancia y adolescencia, me recordarás con varios kilogramos de peso más. Logré bajar un poco de peso siendo riguroso con la alimentación, pero mi vida sedentaria era una gran enemiga. ¡Jamás había practicado ningún deporte! Una noche, específicamente el 31 de diciembre de 2013, uno de mis mejores amigos me llamó: «¿Qué haces?» le dije, y me respondió que estaba 36 por empezar a correr. Me extrañé porque lo hiciera justo previo a la celebración de despedida del año y me dijo que nunca es un mal momento para hacer ejercicio. Decidí que mi propósito de año nuevo sería comenzar un nuevo estilo saludable de vida, empezando a correr todos los días. Comencé caminando poco más de media hora todas las mañanas. Hasta que un día dije: «¿Por qué no correr?» Y comencé corriendo 100 metros por cada 900 que caminaba. Al día siguiente, 200 por cada 800 y así sucesivamente. Una vez superado el primer kilómetro, rediseñé la estrategia para, exactamente 58 días después de haber iniciado a caminar, pudiera correr mis primeros 5 kilómetros.


Fueron los entrenamientos diarios de madrugada, las ganas de sentirme mejor, verme mejor y estar mejor de salud, lo que me motivó. Me regalé ropa deportiva, al ritmo de mis posibilidades y tres años después dije: «¿Qué tal si corro un medio maratón?». «Imposible», dije de inmediato. Jamás lo lograría, si apenas corría 10 kilómetros en 60 minutos. Correr 21 kilómetros sin posibilidad de detenerme, no parecía una opción viable. Pero recordé mi 37 estrategia de algunos años atrás y durante seis meses intensifiqué mis entrenamientos. El entrenamiento más largo fue de 18.5 kilómetros. Así que tendría un reto de 2.6 kilómetros extra todavía. Durante los últimos cinco kilómetros, estaba agotado, había más sol, más calor, más presión, y pensé seriamente en detenerme, ¡en darme por vencido!


Mentalmente recordé esa historia de persistencia que me hizo correr mis primeros cinco kilómetros, la misma que ahora, me ayudaría a terminar la carrera más larga que hubiera corrido jamás. En cada zancada de aquel último tramo, después de una hora y cuarenta y cinco minutos chocando mi planta con el asfalto, sentía la misma emoción de cuando rebasé la meta de los cinco kilómetros en una tierra salobre a donde había ido a ver ballenas. Mi piel se erizó cuando recordé el placer que sentí al quitarme los tenis después de aquel objetivo cumplido y me senté a la orilla del mar a contemplar el amanecer. No volví a ver el reloj, hasta que salí del ensimismamiento. Faltaban solo 900 metros, y el cansancio había desaparecido. Corrí más rápido, con más ganas, decidido a cruzar la línea con ganas de correr otros 21 kilométros. Y cuando lo hice, después de reducir la velocidad constante y lentamente hasta detenerme por completo, detuve la música de mi smartphone, abrí la aplicación de notas y escribí: “persistencia”. A mi persistencia le dediqué aquel triunfo personal. Persistir, es un requisito para el éxito.

Y lo es, porque para poder alcanzar metas considerables debes salir de tu zona de comodidad. Una meta que se considera exitosa, es distinta a lo que sabes hacer, es un reto para ti porque te desafía a hacer más de lo que has hecho en el pasado y no vas a llegar en automático a ello. Sabes, de antemano, que te enfrentarás con obstáculos y adversidades y aún así lo asumes. Para alcanzarla debes ser persistente.

Te daré algunos tips para aumentar tu persistencia: Visualiza, en todo momento tu propósito: ¿por qué estás haciendo lo que haces? ¿Cuál es el objetivo mayor? ¿Hasta dónde quieres llegar? Visualízate cumpliendo tu meta: ¿Dónde estás? ¿Qué sensaciones experimentas? ¿Cómo te ves a ti mismo? 39 Responde la última pregunta: ¿Vale el esfuerzo mantenerme en pie hasta lograr mis metas?

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